Muchos falsos cristos vendrán...

Con falsos milagros!

Víspera de Nuestra Señora de LourdesFeb. 10 1974

VerónicaDel lado izquierdo del asta de la bandera, se pone muy brillante. La oscuridad parece estar desapareciendo, y hay un bello arco de luz. Nuestra Señora ahora viene hacia adelante. Ella se ve muy diminuta ahora. Pero ahora...no, Ella se acerca. Y Nuestra Señora está vestida de blanco con un borde dorado, y tiene sobre Su cabeza una bella corona. La corona está hecha de oro. Puedo ver que es una corona abierta, porque la corona cubre la prenda de Nuestra Señora. Ella tiene como un manto sobre Su cabeza, pero la corona está sentada sobre el manto. No puedo ver el cabello de Nuestra Señora. El manto viene hacia delante sobre Su frente. Ahora Nuestra Señora dice:

Nuestra Señora—“Tú comprendes, hija Mía, la necesidad de tener modestia en el mundo.“

Verónica—Ahora Nuestra Señora se va hacia el lado derecho del asta de la bandera. Ahora Ella ve hacia abajo con mucha tristeza, y dice:

ALMAS DEL PURGATORIO OLVIDADAS

Nuestra Señora—“Muchas oraciones suben al Cielo, hija Mía. Muchas almas esperan vuestras oraciones para ser liberadas del lugar de purificación. No hay suficientes oraciones por aquellos quienes están siendo purificados. Muchos son olvidados una vez que dejan sus vidas mundanas. Familias, una vez unidas en amor, ¿porqué habéis olvidado a vuestros amados?”

Verónica—Ahora estoy viendo más allá de los portones. Son los portones que ví cuando Nuestra Señora liberó a todas aquellas maravillosas y felices personas. Pero ahora a medida que yo miro más allá de los portones yo veo a muchas personas. Pero están en una condición que yo... me siento muy infeliz al verlas. Ellas están muy luminosas y brillantes. Ellas parecen brillar en un color naranja, como si estuvieran quemándose. Y sus brazos están levantados, o extendidos, hacia la entrada.

Y ahora oigo gritos. Muchas voces gritan,

“¡Líbranos, oh Señor! Extinguid el fuego de sed dentro de nosotros.”

Oh, oigo una voz. Es la voz de una mujer; una mujer de edad. Ella grita, “Virginia, Virginia, ¿porqué me has olvidado?”

¡Oh! Ahora se oscurece mucho. Duele mucho, mucho ver a estas personas. Yo sé que son seres humanos, pero están en un vacío. Es un vacío doloroso. Es como si estuvieran suspendidos en un vacío en el cual no hay nada, y ellos quieren alcanzar hacia arriba. Y están llorando porque están impotentes.

Ahora veo a dos que han como flotado hacia arriba, hacia el portón. Y ellas miran hacia afuera, y piden, “Por favor, dos misas por mí. No hay nadie quien me libere. Por favor, dos misas para mí.” ¡Oh! “Roberto, Elena, dos misas para mí.“ ¡Oh!

Ahora Nuestra Señora...se oscurece; ya no puedo ver más a estas personas. Y Nuestra Señora viene hacia el lado derecho del asta de la bandera.

Nuestra Señora—“Hija Mía, es triste que hay muchos quienes pasarán la eternidad, hasta el final de tu tiempo, esperando ser liberados, porque no hay quien se sacrifique o rece por ellos. Muchos de los que han entrado a este lugar de purificación purgatorial, lo han hecho debido a pecados de la carne.

Podrás no comprender, no puedes comprender, hija Mía, los caminos del Padre. Pero un alma tiene que estar tan pura como la estrella más brillante en el Cielo antes que pueda entrar al Reino. Muchos padres de familia son los responsables, hija Mía, por las largas permanencias de sus hijos en el Purgatorio. Ellos no protegen ni preparan las almas de sus hijos. No confiéis en los falsos profesores, quienes aumentan en número a vuestro derredor. Cada padre de familia tiene que asumir completa responsabilidad por la salvación de las almas de sus hijos.

Vendrá sobre el mundo una gran prueba. Esta prueba entrará dentro de la Casa de Mi Hijo. La perseverancia será fructífera.

La verdad ha sido dada por el Padre dentro del corazón de cada hombre. El tiene en su voluntad el poder, como ser humano, de aceptar o de rechazar la verdad. El hará esto al regatear por los placeres y riquezas de un mundo temporal, desechando los tesoros eternos del Cielo.

Hijos Míos, ¿porqué no aprendéis el valor del sufrimiento?

Los libros de la verdad han sido removidos de entre vosotros. Debéis leer las vidas de los fundadores de la Casa de Mi hijo y de los grandes santos quienes claman en el Cielo por venganza sobre satanás y sus agentes — ¡ahora! Porque muchas almas están siendo llevadas al abismo.

El Padre Eterno ha colocado ante vosotros las reglas y disciplina para vuestra salvación. Ellas no serán reemplazadas por las reglas creadas por el hombre para alimentar sus inclinaciones mundanas que destruyen el alma. Muchos venderán sus almas a satanás para llegar a la cima.

La Casa de Dios, la Casa de Mi Hijo, pasará por una gran prueba. Todo lo que está podrido caerá. Satanás ahora ruge y hará batalla completa en la Casa de Dios.

La esperanza más grande, hijos Míos, que Yo os puedo ofrecer, es que la victoria final sobre el mal descansa en vuestra alianza con Mi Hijo. El Padre tiene completo dominio sobre vuestro mundo, y permite este tiempo de prueba para separar las ovejas de las cabras. Seréis probados como los metales en el fuego.”

Verónica—Ahora veo venir, detrás de Nuestra Señora, a un hombre. ¡Oh! No, ahora veo a otro hombre. Hay dos hombres. Uno está vestido como un fraile; él tiene puesta una larga túnica con una capa. Y el otro está vestido muy bellamente de morado con adorno dorado y él tiene un palo, un cetro dorado en su mano. Pero él tiene un libro rojo muy grande en su mano derecha, y el cetro en su mano izquierda. Ahora sobre su cabeza tiene una corona grande. La corona es—oh, es una corona papal. Es muy alta y tiene como capas. Ahora él se adelanta y dice...lo puedo escuchar; él habla muy quedamente.

San Pedro—“¿Me reconoces, hija Mía? Soy Pedro.”

Verónica—¡Oh! Oh, es San Pedro. Ahora San Pedro abre el Libro. Es una Biblia muy grande. Y señala ahora con el cetro y da vuelta a las páginas. Y él dice:

San Pedro—“Cambios, cambios, cambios. ¡Destrucción! ¡Engaño!

Verónica—Ahora veo que San Pedro se quita esta corona de su cabeza, y la sostiene en su mano derecha. Y ahora El coloca...oh, él ha extendido su mano, y se coloca una corona de espinas sobre su cabeza. Ahora escucho...de pie detrás de él...oh, es San Miguel, San Miguel. El es muy, muy grande. Pero ahora San Miguel se acerca. El está de pie a la par de San Pedro, y San Pedro tiene su cabeza muy inclinada. El se ve muy triste, mientras sostiene la tiara en su mano derecha. Y San Miguel dice:

San Miguel—“¡Ellos crucificarán el Cuerpo Místico de Cristo!“

Verónica—Oh, es..¡oh! ¡Oh! Ahora se pone muy oscuro. San Pedro ahora retrocede. El parece flotar hacia atrás; él no camina. El es llevado hacia atrás directamente dentro de esta nube muy oscura que veo. Y Nuestra Señora va hacia el lado derecho del asta de la bandera.

Nuestra Señora—“Hija Mía,. no debes flaquear; ¡no debes acceder al plan de satanás de detener tu trabajo! Te advierto esto, porque él ha puesto muchas derrotas para detener tu trabajo. Continúa, hija Mía, en perseverancia. Yo no te puedo prometer sólo rosas. Tú has recibido las espinas, y recibirás más espinas. Pero eventualmente, hija Mía, tus brazos estarán llenos de rosas.“

Verónica—¡Oh! Oh, ahora del lado derecho del asta de la bandera viene Santa Teresita. ¡Oh! Oh, Santa Teresita. ¡Oh! Sus brazos están llenos de rosas. Santa Teresita toma las rosas y las tira. ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! Santa Teresita tira las rosas en todas las direcciones. Veo a dos de ellas ahora que van hacia este lado. Y, ¡oh! Ahora Santa Teresita extiende un crucifijo. Las rosas se han ido. Y ahora ella extiende el crucifijo, y ella dice:

Santa Teresita—“Verónica, cargarás tu cruz en perseverancia, porque encontrarás gran gozo y solaz. Yo te he dicho en el pasado acerca de los días venideros. Debes saber que tus pruebas te las dará el Padre, porque de esta manera tú y otros serán instrumentos del Cielo para la salvación de muchas almas. No dudes de los caminos del Padre, ya que hay un plan para cada alma que El ha enviado sobre la tierra.

La tristeza entra en los corazones de muchas madres. Es una tristeza de pérdida. Mejor, hija Mía, que comprendas que la tristeza más grande es la pérdida de un alma. Hay...”

Verónica—Ahora Nuestra Señora se adelanta; Ella va a hablar. Y Nuestra Señora dice:

Nuestra Señora—“Hija Mía, debes dar a conocer que hay una gran falacia en tu mundo. Debes saber y diles a todos que la vida existe más allá de la tumba. Vosotros no dormís en la tierra, ya que cuando el espíritu deja el cuerpo, entra a la vida eterna. Satanás buscará llevaros todos a la oscuridad y manteneros dentro de la tierra para que él pueda destruir las verdaderas doctrinas de vuestra Fe.

La vida comienza cuando Nosotros hacemos volver el alma. Esto no significa, hija Mía, que el cuerpo permanecerá para siempre en la tierra. El cuerpo regresará al polvo como fue creado. Pero el verdadero ser vive para siempre hasta ese día cuando todos serán gozosamente reunidos con sus cuerpos. Este será el día después de la purificación del mundo; después que Mi Hijo haya establecido el Reino, cuando satán será soltado para hacer su vil trabajo. Y luego vendrá el fin.

MUCHOS CRISTOS FALSOS

“Yo debo advertiros que en los días por venir no busquéis en vano la venida de Mi Hijo. Habrán muchos falsos cristos entre vosotros. El vendrá a vosotros de una sola manera: descenderá del Cielo así como El ascendió al Cielo, y El vendrá acompañado con las fuerzas, los guerreros del Cielo y los santos. Recordad bien, muchos falsos cristos vendrán a vuestro mundo. ¡Rechazadlos! No seáis mal guiados por sus falsos milagros. Rechazadlos, sabiendo que Jesús vendrá a la vista de todos con los santos y los ángeles.

Hay mucha confusión, hija Mía, en tu mundo — confusión que ha sido creada por satanás. Sólo hay una manera principal ahora para sacar a satanás de la Casa de Dios y de vuestros hogares. Es con oración y regresar a Mi Hijo. Salvad vuestras almas y las almas de todos los que amáis en el Sagrado Corazón de Mi Hijo.”

Verónica—Ahora Nuestra Señora va hacia allá, y Ella tiene Su Rosario en Su mano. Es un Rosario blanco, muy grande, y el crucifijo es dorado. A medida que Ella gira brilla tanto que casi no puedo mirarlo. Pero Nuestra Señora levanta el Rosario ahora, y Ella hace la señal de la cruz, así: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Y Nuestra Señora gira hacia el lado izquierdo del asta de la bandera. Y eleva el crucifijo y hace la señal de la cruz: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Ahora Nuestra Señora desciende al centro del asta de la bandera, y dice:

Nuestra Señora—“No olvidéis, hijos Míos, los sacramentales. Satanás trabajará arduamente para capturar vuestras almas. Nosotros os hemos dado vuestra armadura. No la rechacéis.”

Verónica—Ahora Nuestra Señora bendice de nuevo: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Nuestra Señora dice:

Nuestra Señora—“Te sentarás, hija Mía. Jesús bendecirá todos los sacramentales a su debido tiempo. Continuad con vuestras oraciones de expiación. Son dolorosamente necesitadas.” (Pausa)

Verónica—Nuestra Señora ha tocado la medalla de Lourdes, también, con la cruz de Su Rosario, Su Rosario blanco muy grande con el crucifijo dorado. Y Nuestra Señora también se inclinó mucho. Se inclinó mucho para tratar de besar el crucifijo, y me dijo que lo besara por Ella, pero Ella lo bendijo con Su crucifijo.

Bueno, Nuestra Señora lo está bendiciendo aquí abajo ahora. Yo creo que Ella está...ahora Ella está...oh, Nuestra Señora se inclina y ahora...oh, Ella va a pararse sobre la corona. No, no se va a parar sobre la corona. Ella se inclina. No comprendo...oh, el libro. No. Oh, Nuestra Señora se inclina y toca la parte superior de la caja ahora con Su crucifijo. Y Nuestra Señora ahora se inclina. Oh, Ella dice que yo debo extender uno hacia Ella. Bueno. Aquí mismo. Si pudiera tan solo llegar...allí. Bueno. Oh, Nuestra Señora besa la caja; Ella dice:

Nuestra Señora—“Eso será suficiente, hija Mía, para todas las medallas y sacramentales en las cajas.”

Verónica—Ahora Nuestra Señora toma Su crucifijo y toca las cajas allá con el mismo, y hace la señal de la cruz. Nuestra Señora...oh, Ella me ha pedido sacar una medalla de la caja. Bueno. Sí. Y...allá. Oh, muy alto. Yo...sí, está bien. Oh, Nuestra Señora terminó besando dos de mis dedos. Oh, debo de colocarla dentro de la caja. ¡Oh! Nuestra Señora dice:

Nuestra Señora—“Vuestras medallas han sido bendecidas por el Cielo.”

Verónica—Oh, Nuestra Señora ahora besa Su crucifijo. Ella ha ascendido un poco allá por el asta de la bandera. Y Ella sonríe. Y eleva Su crucifijo y bendice los sacramentales, así. Oh, Nuestra Señora va ahora hacia el lado derecho del asta de la bandera. ¡Oh!

Nuestra Señora—“Hija Mía, todos los sacramentales serán bendecidos por Jesús. Debes tener paciencia.” (Pausa)

Verónica—Todos los que pueden, por favor, arrodíllense, porque Jesús está aquí y El bendecirá todos los sacramentales.

Ahora Jesús se adelanta. El...la luz es muy brillante; yo tengo que inclinarme para poder proteger mis ojos de la luz. La luz es muy, muy brillante esta noche.

Ahora...oh, ahora Jesús va hacia, cerca de...El está entre el asta de la bandera y los árboles. Jesús mira hacia abajo. El tiene puesto un manto rojo; es un bello manto rojo. Parece que pudiera ser hecho de raso, o satén. Atrapa la luz. Y ahora Jesús tiene puesta una túnica debajo del manto. Es de color crema. No es blanca; es de cierto tono de crema. Y El tiene puestas pantuflas marrón de tipo de sandalias.

Oh, y Jesús...noto Su cabello, pero El tiene una corona puesta sobre Su cabeza. La corona no tiene una parte superior. Es un único círculo, y la corona es similar...baja sobre Su cabeza, similar a la corona de espinas, pero está hecha de oro y tiene como bellos puntos. Los puntos están en tres secciones. Veo uno a la izquierda, uno en el centro, y uno al lado. Pero Jesús sonríe, y El inclina Su cabeza. Puedo ver que El tiene dos secciones más, con tres...parecen como hojas, en cada lado. Ahora Jesús se mueve hacia los árboles.

Nuestra Señora ahora, Nuestra Señora está de pie detrás de El. Pero ahora Su manto no es blanco con el adorno dorado, es de azul puro. La cubierta de Nuestra Señora es azul sobre Ella, y Su...a pesar que Su túnica se ve muy blanca. La luz es muy brillante. Ahora Jesús se inclina.

Jesús—“Hija Mía, bendeciré los sacramentales. No será necesario sacarlos de los paquetes, ya que os aseguro que puedo ver a través de ellos. Esto evitará mucha confusión, hijos Míos.”

Verónica—Ahora Jesús viene hacia el centro del asta de la bandera, entre el asta y el árbol. El es muy bello. El ha puesto Su manto sobre Su brazo izquierdo. Se ve muy pesado. Es..sí, está hecho de raso; puedo verlo ahora. Y El levanta Su mano, así, y hace la señal de la Trinidad: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Ahora Jesús va hacia...El no camina. Nuestra Señora y Jesús parecen simplemente ser llevados por el aire; Ellos parecen flotar. Y ahora Ellos está justamente allá por el árbol, arriba del árbol. Y Nuestra Señora sonríe, y mira hacia abajo. Ella ha colocado Su Rosario alrededor de Su cintura. No lo tiene en Sus manos; lo ha colocado en la banda alrededor de Su cintura, Ella tiene una banda dorada como de cuerda alrededor de Su cintura, y Nuestra Señora ha puesto Su Rosario allí. Y Ella está de pie a la par de Jesús. Nuestra Señora es más baja de estatura que Jesús. Pudiera ser por la manera en que están parados, pero Ella parece que llega apenas al hombro de Jesús...justo debajo de Su hombro.

Y ahora Jesús se inclina y mira hacia abajo, y sonríe. El levanta Su mano otra vez con Sus dedos, así, unidos. Es como tres dedos juntos. Y ahora El hace la señal de la cruz: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Ahora puedo ver venir por el cielo...oh, allí está San Miguel. San Miguel...y hay dos más; yo sé que son ángeles, porque ellos son muy, muy grandes. Pero no asustan, simplemente son asombrosos. Son muy, muy grandes.

Ahora ellos siguen detrás de Jesús. Jesús viene atravesando el cielo; El va hacia allá...El está del lado izquierdo del asta de la bandera aquí, del lado izquierdo. Y Nuestra Señora ahora está de pie a la derecha del asta de la bandera. Y San Miguel...se ha ido, y él está detrás de Jesús, y está ahora de pie a la derecha de Jesús.

Ahora Jesús levanta Su mano arriba sobre Su cabeza, así, y mira hacia abajo y hace la señal de la cruz: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Y ahora El se ha detenido y mira hacia abajo, aquí especialmente, porque ha descendido más cerca. Y en..ahora puedo ver que El hace la señal de la Trinidad sobre alguien de este lado. Nuestra Señora sonríe y dice:

Nuestra Señora—“Esto es para la protección de Nuestros dedicados.”

Verónica—Oh, Nuestra Señora se une a Jesús. Ella ha venido y ha sacado Su Rosario también. Ahora, sin embargo, Jesús levanta Su mano enfrente de El. El mira hacia abajo. y El va a hacer...oh, la señal de la Trinidad: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Y Nuestra Señora toma Su Rosario y extiende Su mano con el Rosario. Oh, hay rayos que emanan de las manos de Nuestra Señora, en esta dirección. Bajan directamente. Nuestra Señora está de pie casi como, oh, por el centro del asta de la bandera, allá, entre los árboles y el asta de la bandera. Pero las luces todavía emanan de Su mano que sostiene el Rosario. Y los rayos bajan en esta dirección. No puedo contar las luces, está tan brillante. Pero parecen haber tres rayos aquí, directamente hacia abajo, aquí. Uno...yo puedo contar tres (rayos).

Y Jesús ahora va detrás de Nuestra Señora, y El levanta Su mano otra vez. Y Nuestra Señora extiende ambas manos enfrente de Ella, y los rayos, los rayos emanan directamente de las manos de Nuestra Señora. Son bellos. No hay...no hay manera como describirlos; no son como una bombilla de luz, o algo así. Son, son bellos. Son casi como cristal claro, claro.

Nuestra Señora recoge Sus brazos, y coloca Su Rosario en Su cintura. Ahora Ella viene con Jesús, y Ellos están de pie al lado derecho del asta de la bandera. Jesús...Jesús habla muy suavemente. Yo debo repetir.

VERDADEROS DIRECTORES DE ALMAS

Jesús—“Tengo una palabra de dirección para todos quienes Yo he escogido para representarme en Mis Casas a través del mundo. Debéis estar enterados que satanás ahora está suelto dentro de Mi Casa. No caigáis en su trama. Yo he puesto en vuestros corazones la verdad. Iréis adelante como verdaderos directores de almas. No podéis destruir estas almas encomendadas a vosotros con una mala dirección. Rezad por la Luz, y se os dará el camino.

Engaño, engaño. Oh, herejía, ¡triste herejía! Que Yo tenga que ver este día cuando tendré que intervenir con un castigo que reclamará muchas almas no preparadas.

Mi Madre ha implorado al Padre a través de muchas edades terrenales que retenga este castigo, pero os debo decir que no tardará en venir. Mi Madre ha derramado muchas lágrimas. Mi Corazón ha sido traspasado por los pecados de la humanidad. ¿Me he sacrificado en vano por vosotros? ¿Cómo me habéis pagado a través del Padre? Yo pido únicamente vuestro amor. No os entreguéis a satanás. Regresad a Mí. Aceptad las gracias que Yo os doy, o estaréis perdidos.”

Verónica—Ahora Jesús eleva Sus manos, y hace la señal de la cruz: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Nuestra Señora se adelanta, y Ella se ve muy triste.

Nuestra Señora—“Hija Mía, es un día oscuro para la humanidad. El hombre ha fallado la prueba otra vez. Asesinato y violencia—el pecado es la manera de vida en tu país y en el mundo. ¿Por cuánto tiempo puedo retener que caiga sobre vosotros el gran cataclismo? No penséis, ni vayáis por vuestras vidas diarias sin preparación, ya que llegará sobre vosotros repentinamente.

Yo os he advertido, Yo os he dado el plan para vuestra salvación, tal y como Me fue dado por el Padre. Es a través del Corazón Misericordioso del Padre que Yo he venido a estos terrenos sagrados como Mediadora entre Dios y el hombre; sin embargo, vuestros días están contados. Reunid a vuestros amados. Salvad vuestras almas y las almas de los que amáis, porque muchos morirán en la gran llama de la Bola de la Redención.

Habíais ganado una suspensión, hija Mía e hijos Míos. Vuestras oraciones y vuestros sacrificios subieron al Cielo; sin embargo, no es más que una postergación. El tiempo llegará cuando las pruebas y la tribulación serán grandes; sin embargo, pasaréis este período con perseverancia y confianza, sabiendo que la victoria final estará con Mi Hijo.

Os prometo como vuestra Madre, nunca dejar vuestro lado. Venid a Mí y Yo os fortaleceré con las gracias dotadas a través del Padre sobre vosotros.

Os bendigo, Hijos Míos. Continuad con vuestras oraciones. Hay demasiado pocos ahora en vuestro mundo quienes se comprometen.”

Verónica—En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, Su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo; nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilatos, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está a la diestra de Dios Padre; desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la Comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos, y la vida eterna. Amén.

Nuestra Señora va hacia el lado derecho del asta de la bandera.

Nuestra Señora—“Mi palabra final, hija Mía, aunque Mis palabras no terminarán sino hasta cuando Yo me una con Mi Hijo para reuniros a todos en Mi seno. Sabed esto: oración y expiación, sacrificio—qué gran recompensa hay por delante para quienes escuchen el plan del Cielo.”

Verónica—Dios Te salve María, llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de Tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

FIN